Claridad para avanzar: lo que la elección de un nuevo presidente le dice a los empresarios
- Juan Fernando Bermúdez
- 26 jun
- 3 min de lectura
Colombia eligió; y con una participación histórica, la más alta en décadas, eligió a alguien que prometió orden, ejecución y resultados.

Para poder escribir esta columna con honestidad, primero tuve que hacer un ejercicio incómodo: entender mi propio pensamiento político. Y lo que encontré me sorprendió por su claridad. No soy de izquierda ni de derecha. Soy de sistemas bien diseñados e instituciones fuertes, como lo es un buen sistema de gestión de calidad: no depende de quién esté al frente, sino de que las reglas estén bien escritas y los incentivos bien alineados. He trabajado en sectores tan distintos que aprendí a leer la arquitectura organizacional antes de leer a las personas. Eso, con el tiempo, se convierte en una forma de ver el mundo: no importa si es una empresa, una entidad pública o un país; la pregunta siempre es la misma: ¿cómo está diseñado el sistema y qué comportamientos produce? Y soy de líderes efectivos y empáticos, capaces de ejecutar, de elegir buenos equipos y de dejar algo que trascienda su período.
Esa lente es la que me permite leer este momento sin euforia y sin cinismo.
Hay una trampa en la que caemos fácilmente: confundir el mensaje con la gestión. Aplaudir el discurso sin evaluar la arquitectura real detrás. Petro llegó citando a Habermas y a la Escuela de Frankfurt, ese movimiento filosófico que exigía que el conocimiento sirviera para transformar la realidad, no solo para describirla. Pero gobernar con retórica crítica sin instituciones que la sostengan no es ilustración: es exactamente lo que esa tradición criticaba. Ningún indicador macroeconómico se explica por una sola administración; hay ciclos internacionales, herencias acumuladas y factores que trascienden cualquier gobierno. Y aun así, la calidad de la ejecución sigue siendo uno de los determinantes más importantes. Los sistemas fiscales deteriorados, el déficit persistente y la expansión de grupos armados durante la "paz total" no son datos de la derecha. Son el resultado predecible de diseñar incentivos que no generan los comportamientos que el sistema necesita. Los incentivos producen comportamiento. Siempre.
Lo que importa ahora no es si votaste por De la Espriella o no. Lo que importa es leer bien las condiciones del entorno y tomar decisiones inteligentes. Y eso incluye exigirle al que ganó exactamente lo que le exigíamos a sus rivales: resultados medibles, equipos competentes y rendición de cuentas real. El voto fue un acto de confianza, no un cheque en blanco.
Tres lecturas prácticas para empresarios y líderes
1. El ajuste fiscal va a crear movimiento, no solo ruido.
La propuesta de recortar el gasto del Estado y estabilizar el déficit no es solo política económica: es una señal directa de que el costo del dinero, el apetito de inversión extranjera y la confianza empresarial pueden mejorar en los próximos 18 a 24 meses. Los sectores que dependen de crédito, infraestructura o contratos públicos van a sentirlo. Los que no se posicionaron antes van a llegar tarde.
2. La agenda de seguridad y tecnología abre geografías que estaban cerradas.
Colombia tiene territorios con un potencial enorme: biodiversidad, agroindustria, corredores logísticos. Si la recuperación territorial se sostiene con presencia estatal real, eso mueve activos. Y la apuesta explícita por inteligencia artificial en la gestión pública abre oportunidades reales para empresas con capacidad de acompañar esa transformación o de integrarla eficientemente con contratistas del Estado.
3. Venezuela y la reactivación regional son una ventana que se abrirá.
Hay una economía deprimida al lado, una diáspora con capacidad de consumo y conexiones transfronterizas que llevan años sin estructura formal. Los primeros en entender esa dinámica con criterio comercial van a tener ventaja. Los supermercados y el retail ya empezaron este movimiento con Nutresa y Grupo Éxito anunciando inversiones significativas.
La DIAN me recordó hace poco cómo se distribuyen mis impuestos: deuda pública, salud, educación, defensa, transporte. Cada peso que pagamos como empresarios y personas naturales está en esa arquitectura. Eso no es abstracto: es la razón por la que nos importa quién gobierna y cómo lo hace.
Seguiremos pagando impuestos y seguiremos votando por un mejor país. Con esperanza y basados en nuestros principios y en lo que creemos impactará mejor nuestras vidas, las de las siguientes generaciones y las de quienes no tienen voz ni voto. La pregunta es si quien administra los impuestos tiene la disciplina, la integridad, el equipo y la claridad para convertirlos en algo que valga la pena.

Mientras eso se define, nuestra tarea en el sector empresarial y en el sector social sigue siendo la misma: movernos con estrategia, elegir bien y construir con criterio.
Anexo: Complejidad del plano político

